viernes, 13 de junio de 2008

DE LOS SUEÑOS


Puede decirse del sueño que la piedra desechada por el albañil se ha
convertido en piedra angular. El sueño, producto fugitivo e insignificante de
nuestra alma, no había experimentado nunca tan hondo menosprecio como
en la época moderna. Antes era estimado como un mensajero del destino,
como un amonestador y consolador, como un enviado de los dioses.
Actualmente lo utilizamos como un heraldo de lo inconsciente, que nos
descubre los secretos ocultos a la conciencia, y por cierto cumple su cometido
con asombrosa perfección. De su investigación analítica ha resultado que el
sueño, tal como lo soñamos, sólo es una fachada que no deja ver nada del
interior de la casa. Pero cuando, observando ciertas reglas técnicas, hacemos
hablar al soñador sobre las particularidades de su sueño, pronto advertimos
que las ocurrencias del sujeto gravitan en una dirección determinada y
convergen hacia determinados asuntos, al parecer de importancia personal, y
vemos que envuelven un sentido que al principio no se hubiera sospechado
tras del sueño; pero que, como puede demostrarse por cuidadoso cotejo, está
en delicada y meticulosa relación con la fachada del sueño. Este complejo
especial de pensamientos en el cual se reúnen todos los hilos del sueño, es el
conflicto buscado, bien que en una cierta variación, determinada por las circunstancias.
Lo que el conflicto tiene de penoso, de insoluble, está, según
opinión de Freud, tan escondido o desleído en el sueño, que éste puede
considerarse como el cumplimiento del deseo. Sin embargo, hay que añadir
que los deseos cumplidos en sueños no son los deseos conscientemente
nuestros, sino aquellos que muchas veces se les oponen diametralmente.
Aparentemente, el sueño se ocupa muchas veces de detalles enteramente
baladíes, por lo cual nos produce una impresión ridícula; o resulta en lo
externo tan incomprensible que puede producirnos la mayor sorpresa, por lo
cual siempre hemos de vencer cierta resistencia antes de ponernos en serio a
desenredar la revuelta madeja con paciente trabajo. Pero si al fin logramos
penetrar en el verdadero sentido de un sueño, nos encontraremos de lleno en
los secretos del soñador y con asombro veremos que aun el sueño
aparentemente mas disparatado tiene un alto sentido y en realidad se refiere
a cosas extraordinariamente importantes y serias del alma. Este hecho nos
obliga a mirar con mayor respeto la supuesta superstición acerca del sentido
de los sueños, que las corrientes racionalistas de nuestra época habían
reducido a polvo.
Como dice Freud, el análisis del sueño es el camino real que conduce a lo
inconsciente. El análisis del sueño nos lleva a los secretos más profundos de
la persona; por lo cual, en manos de médicos y educadores del alma, es un
instrumento de inapreciable valor.
El psicoanálisis consiste principalmente en muchos análisis de sueños. Los
sueños, en el curso del tratamiento, van manifestando sucesivamente los
contenidos de lo inconsciente, que quedan expuestos así a la fuerza
desinfectante de la luz clara, con lo cual son recuperados muchos elementos
preciosos, que se daban por perdidos. Siendo todo esto así, no es de extrañar
que para muchos hombres, que han adoptado ante sí mismos cierta pose, el
psicoanálisis sea un suplicio; pues según el antiguo apotegma místico:
"Abandona lo que tienes y entonces recibirás", han de renunciar primero a
sus ilusiones más queridas, para hacer brotar dentro de sí algo más profundo, más bello y más amplio. Sólo por el misterio del propio sacrificio llega el hombre a encontrarse renovado. Muy antiguas son las sentencias que el tratamiento psicoanalítico ha vuelto a poner en circulación; es cosa particularmente interesante el ver cómo en el apogeo de nuestra cultura actual aparece como necesaria esta clase de educación espiritual, educación que, por más de un concepto, puede compararse con la técnica de Sócrates, si bien el psicoanálisis penetra en profundidades mucho mayores…

C.G. JUNG

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