jueves, 19 de junio de 2008

Gárgoris y Habidis


Viñetas del comic ´Tiempo de sueño´ de Jhon Constantine

...un lugar de bárbara y a la vez exquisita magia...
Los antiguos, los alquimistas, los monjes medievales y los helenizantes del Renacimiento nunca olvidaron este sistema de equivalencias místicas. Hubo un momento en que Galicia fue ceca y atanor de Roma:
pepitas auríferas y tradiciones iniciáticas coincidían en la misma demarcación. Asombra la cantidad de metal que los latinos extrajeron. Pero asombra aún más la circunstancia de que, esquilmadas las arrugias, surgiera junto a ellas, entre torrentes y montefurados, un espontáneo foco de meditación y gnosticismo. Cientos de ermitas y monasterios florecieron en lo que’ muchos llaman la Tebaida gallega. Meaculpas, pangelinguas y jaculatorias sustituyeron al blasfemar de la miseria. “La Ribera Sagrada — dice Cunqueiro — iba desde Amandi hasta los Tres Rios. Todo el Sil era una oración” Mircea Eliade cree que los tesoros, en cuanto imágenes sensibles de una realidad inmaculada y absoluta, desempeñan una función moralizadora en el seno de la sociedad que los denuncia. Apoderarse de ellos equivale a conquistar la inmortalidad o — lo que tanto vale — a recuperar los poderes arquetípicos. He ahí una alquimia que permanece. Se trata, como siempre, de despertar a la fiera dormida. Nosce te ipsum era el mandamiento de Delfos; y ninguna otra empresa debe acometer el hombre sobre la tierra. “El verdadero tesoro escondido es algo que tenemos próximo, pero sólo un rito de iniciación qué nos lleve por caminos lejanos y nos enfrente a seres de diferente raza y religión puede devolvernos nuestra propia interioridad”. De hecho, entre cuantas personas se dedican a buscar tesoros, los niños son los únicos que a veces los encuentran. Y también algunos seres excepcionales, desdoblados por la humanidad y la divinidad: Parsifal, Ulises, los Argonautas y quienes saben que la verdad de cada cual pasa por la verdad de los demás a condición de no demandársela. Intuición de todos los poetas: no encontrar a Roma en Roma, sino en el camino, y comprender lo que significan las Itacas. San Agustín, Machado, Kipling, Cavafis, Quevedo... No cuenta el tesoro; sí, el ínterin de su búsqueda. Y el querer hallarlo...

Fernando Sánchez Dragó

No hay comentarios: