miércoles, 25 de junio de 2008

Paradigma de la transpoesía


Ilustración: Serie 1ª Comunió_Joan Castillo

No sabemos qué es la poesía. Los conceptos unívocos a los cuales llamábamos hace poco "el mundo", "la realidad", "la naturaleza", "la cultura", "la poesía" se han vuelto ingenuamente reductores desde que los investigadores han tomado conciencia de la pluralidad del mundo y de las culturas, de la compleja crecida de niveles de realidad y de niveles de percepción escapando a la lógica aristotélica y a la dialéctica binaria. De este modo existe una infinitud de niveles de verdad y de complejidad de la poesía, una verticalidad de niveles de percepción de la poesía, una pluralidad de direcciones de búsqueda, una multiplicidad de formas de arte poética.
Una cantidad de corrientes de la poesía contemporánea son extranjeras a la elevada poesía iniciadora que fue aquella originada en el Oriente. Sin duda alguna los adeptos del Gran juego lo habían percibido claramente descubriendo los versículos de Rig Véda. René Daumal y sus amigos habían abierto un camino poético, místico y agnóstico, a través de las culturas contradictorias del Oriente y Occidente, como a través las ciencias orientadas exclusivamente hacia el polo del Sujeto y las ciencias orientadas hacia el polo del Objeto. En Francia como en otros lugares existen todavía poetas abiertos a la dimensión invisible de lo "sagrado de cohesión" para diferenciarlo, como lo hizo Roger Callois de lo "sagrado de disolución". Hay poetas transreligiosos colmados por el sentimiento de lo Absoluto, como por ejemplo el poeta árabe: Adonis. Poetas místico ateos como Bernard Noël. Poetas de la enigma con diferentes grados de intensidad en el régimen del fuego. Buscadores de verdad para quienes la poesía iniciadora que tiende hacia el conocimiento unitivo se inclina a enlazar la ciencia del hombre con la del universo.
Poesía hechicera y zahorí. Poesía que despierta. Sólo el poeta despierto sabe que los vivos tienen la misma esencia que los muertos. Pero la poesía la más despierta hoy sólo está viva en las catacumbas de una época que es víctima de la desintegración de todos los valores, la degeneración de todas las religiones, la caída de los últimos mitos tales como el marxismo y la escatología utópica de la ciencia. En un mundo que ha perdido todo punto de referencia, hay todavía aquí y allá heréticos portadores del fuego sagrado, alquimistas del silencio y adivinos. Los medios de comunicación tienen miedo del silencio. Insensibles a la poesía elevada, los hombres que viven en la superficie de la vida son incapaces de presentir el secreto del silencio vivo escondido en todo silencio de muerte.
Norte, Sur, Este, Oeste forman parte de la misma Rosa de los Vientos y están generados por el mismo signo enigmático. Toda verdadera búsqueda poética, cualquiera que sea su lengua o la naturaleza de su cultura, está orientada hacia el centro e intenta aproximarse al sentido ante el cual el poeta Antonin Artaud exclamó:- ¿Pero quién a bebido de la fuente de la vida? Entre los caminos de búsqueda que convergen, cada uno por su propia vía de pasaje, hacia la inaccesible fuente de vida, podríamos llamar transpoesía la vía transfiguradora del poeta zahorí orientado hacia el auto conocimiento y la unidad del conocimiento. Mirada que atraviesa y sobrepasa la poesía.
Poseído por el sentimiento de lo Absoluto, el poeta zahorí es hoy ciudadano del mundo. El es transnacional en el sentido de sentirse relativamente ligado a varios niveles de realidad al mismo tiempo, pero absolutamente involucrado a aquello que los atraviesa y los excede. Es decir que él se siente ciudadano del cosmos, después de la Tierra ( la "aldea-planeta" de Jacques Delors), luego Europeo, después Francés, después de Córcega por ejemplo. Lo esencial es no hacer universal ningún nivel de realidad. Lamentablemente el hombre tiene una tendencia molesta , decía en sustancia Kierkegaard, a relativizar lo Absoluto, haciendo absoluto lo relativo. Se trata, por el contrario, de abandonar nuestras identificaciones absolutistas para acceder a lo que René Berger llama una trans-identidad; concepto infinitamente abierto análogo a aquel de la identidad infinita de toda conciencia despierta a su trascendencia interior y a la trascendencia del universo, por lo tanto a una doble trascendencia a percibir unitivamente. Por lo tanto podemos ser a la vez nacionales por apariencia de una cultura territorial y transnacionales por espíritu transcultural.
Ser transcultural , es, en esencial, no dejarse alienar por las formas y las creencias , por sistemas de pensamiento y de enseñanzas formales. Es abrir a la trascendencia del sentido del sentido más allá del lenguaje, abertura que el chaman mexicano Don Juan Matus llama el "conocimiento silencioso" inseparable de nuestra luminosa ignorancia. El poeta zahorí tiende a reconciliar las hermanas enemigas: la poesía y la filosofía. La visión transcultural de la poesía es forzosamente transreligiosa; es planetaria antes de ser europea, francesa o de otra parte; florece en el centro de la Rosa de los Vientos; está abierta a todas las diferencias. Nuestra identidad occidental es ilusoria en la medida que no integra al Otro- la oriental-que somos de toda eternidad. En esta óptica, Rûmi es nuestro maestro del vivir a mismo título que Maestro Eckhart. Nuestra comprehensión de toda cultura diferente a la nuestra sólo puede resultar de nuestra propia comprehensión abierta a la identidad de contrarios. Formamos parte como ellos mismos del mismo Nos trascendental para hacer referencia a la visión, en Edmund Hursserl, de la intersubjetividad absoluta de los seres y las cosas rigiendo la esencia de la vida.
Uno de los axiomas del poeta zahorí, es el principio absoluto de la relatividad de toda realidad y de todo lenguaje. El sabe que todo es metáfora. El sabe que la paradoja del lenguaje poético es de hacer alusión a aquello que escapa al lenguaje. Olvidamos a menudo que el lenguaje es una enorme muralla China. El poeta zahorí la atraviesa abriéndose al silencio viviente. Es por ahí que el poeta escapa a la prisión de la lengua. "No hay poesía sin silencio" decía Roberto Juarroz. Esa presencia infinitamente cercana infinitamente lejana del silencio viviente, podemos llamarla indiferentemente presencia de lo sagrado o conciencia de la trascendencia inmanente en el sentido que la trascendencia es inmanente de la conciencia misma. Es del orden del secreto que la poesía iniciadora tienta, por imposible, de compartir. Es un secreto transpoético, puesto que atraviesa la palabra y el silencio, puesto que está más arriba de la palabra y del silencio. Es el tercio secretamente incluido en la oposición binaria de la palabra y del silencio. Ese tercio incluido, ningún poeta jamás dijo ni dirá que es. Maestro Eckhart hace alusión evocando la esencia de una "tercera palabra" que no está dicha ni pensada y que jamás ha sido expresada. El silencio poético puede acceder, en lo que vive, a un alto grado luminoso de silencio. Sólo ese silencio puede librarnos de la sombra oscura y de la gravidez del lenguaje. No es un silencio vacío, es un silencio lleno e incluso desbordante de sentidos silenciosos. Poco importa el nombre que sirve para señalar el abismo o el agujero escondido en la lengua, dicho de otro modo el no- referente que escapa a todo lenguaje. El poeta zahorí utiliza libremente las palabras como flechas tiradas hacia lo Impronunciable, hacia la Fuente inaccesible pero inagotable. En tanto que hombre de límites sólo puede aproximarse sin alcanzarla. Decir "la Fuente" es entonces una metáfora; aquella del enigma del ¿Quién? y de la enigma del ¿Qué? que son una sola y misma enigma. El poeta es libre de hacer alusión evocando el Sin-Nombre, el Sin-Forma o el Sin-Fondo. Es paradójicamente el Sin-Fondo que funda la unidad del conocimiento poético.
Vivimos en un mundo donde la tecnociencia genera una tecnocultura que no tiene nada que ver con la agricultura del alma. Con los poderes exorbitantes de esta mundialización salvaje,¿ qué contra-poderes podrán oponer los poetas zahoríes?. La resistencia a los entenebrecidos medios. La autotransformación hacia el auto conocimiento. Nuestra visión del mundo sólo puede cambiar si nosotros cambiamos del interior, si nos estados de conciencia evolucionan, según la palabra de Goethe, hacia mayor luz, Mehr Licht ! En el combate titánico donde se oponen la luz y las tinieblas, cada uno, según su naturaleza, sirve ya sea a la neguentropia , sea a la entropía, o bien a la evolución de la conciencia o bien a su involución. Cada uno es el instrumento consciente o inconsciente de fuerzas que depasan su comprensión. Los poetas zahoríes saben de que lado combaten. El paradigma de la poesía transcultural, es antes que nada la necesidad de despertar del hombre a aquello que lo funda, a aquello que lo atraviesa y a aquello que lo sobrepasa. El manifiesto de la Transdiciplina de Basarab Nicolescu, físico cuántico pero autor de un millar de Teoremas poéticos, abre caminos de encuentro entre los poetas y los científicos, entre los investigadores de ciencias humanas y los investigadores de ciencias exactas. Es un viraje radicalmente nuevo. Es el germen de una nueva alianza entre investigadores y creativos de todas las disciplinas contra las aves de rapiña que están en el poder. Un elevado número de astrofísicos y de físicos cuánticos se revelan como poetas metafísicos. La alianza de los buscadores de la verdad, unos interrogando el polo del Sujeto y los otros el polo del Objeto y su interacción transdiciplinaria, pueden constituir un indestructible nudo de luz contra las tinieblas programadas de las aves de rapiña. El destino de la humanidad no está decidido de antemano, se crea a cada instante. Arrojado en la nave-tierra en una fabulosa aventura cósmica, el fenómeno humano posee en su corazón la inagotable potencia de despertar a la luz trascendente de su propia fuente interior. Es la vocación de poetas zahoríes de hacer alusión creando nuevos puntos de referencia y nuevos signos de orientación sobre el camino sin camino del infinito interior...

MICHEL CAMUS
trad. Vivian Lofiego

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