miércoles, 25 de junio de 2008

PRIMOR DE LA REPETICION


Este placer estético de la mera repetición que aquí toma un contenido más sutil y complicado, es el mismo que creó las estelas orientales, donde una largisima hilera de ángeles-toros multiplica la misma postura.
Ningún personaje de Azorin, ninguna acción, ningún objeto tiene valor por sí mismos. Sólo cobran interés cuando percibimos que cada uno de ellos es sólo el cabo de una serie ilimitada compuesta de elementos idénticos. No ser lo que son, si no meramente ser igual a otros cien y atros rnil y a otros sin número, le presta poder sugestivo. El propio origen tiene la suave gracia de las alamedas; no importa cada árbol, sino el que, siendo muchos, parezcan uno mismo repitiéndose en serie.
Cada uno de nosotros se cree una realidad incomparable donde ha venido a hacer crisis la Naturaleza. Por lo mismo, nos inquieta con poética inquietud el artista que Azorín, nos revela la Naturaleza como una alfarera tradicional que de unos pocos moldes produce innumerables figuras equivalentes. Esos moldes vienen a ser aquellas misteriosas Madres que con religioso pavor bajó Fausto a mirar en el seno del mundo.
Para algunos biólogos contemporáneos la función mínima de la vida consiste en la capacidad de repetir. En un cuerpo mineral una impresión es tan nueva la segunda como la primera vez que se recibe renovada encuentra aún vivaz su anterior influjo y traba con él una irrompible solidaridad, merced a la cual la impresión pasada se reconoce en la presente, y esta trae, resucita a aquella. Así se forma el hábito, acumulación de modificaciones pretéritas que reviven en todo momento y operan sobre la actualidad. Así se forman las especies, repitiéndose en los hijos las formas orgánicas de los padres. Semon, que amplía excesivamente una idea de Hering, considera a la mneme, a la memoria, como la fuerza elemental de la vida. Según esto, engendrar un hijo vendría a ser un rememorar la propia existencia.

Tal vez no haya en esta teoría de Semon más que una metáfora errabunda que se ha deslizado dentro de la biología. Sin embargo, es curioso notar su coincidencia con la opinión poética de Azorín: «vivir es ver - volver». Por lo menos, estéticamente vivo, emocional, es en su obra aquello que ha existido ya una vez o muchas y va a existir otras tantas.

No se busque, pues, en este arte tema alguno de heroísmo. Lo heroico de todo héroe radica siempre en un esfuerzo sobrenatural rara resistirse al habito. La acción heroica es, en todo caso, una aspiración a innovar la vida,
a enriquecerla con una nueva manera de obrar. Heroísmo es rompimiento con la tradición con lo habitual con la costu re. El héroe no tiene costumbres; su vida entera es una invención incesante.

José Ortega y Gasset

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