lunes, 23 de junio de 2008

¿Qué es filosofía?


No era, pues, una frase decir que nuestro tiempo es nuestro destino. El presente en que se resume y se condensa el pasado – el pasado individual y el histórico- es, pues, la porción de fatalidad que interviene en nuestra vida y, en este sentido, tiene ésta siempre una dimensión fatal y por eso es haber caído en una trampa. Solo que esa trampa no ahoga, deja un margen de decisión a vida y permite siempre que de la situación impuesta, del destino, demos una solución elegante y nos forjemos, una vida bella. Por esto, porque la vida está constituida de un lado por la fatalidad pero de otro por la necesaria libertad de decidirnos frente a ella, hay en su misma raíz materia para un arte, y nada la simboliza mejor que la situación del poeta que apoya en la fatalidad de la rima y el ritmo la elástica libertad de su lirismo. Todo arte de implica aceptación de una traba, de un destino, y como Nietzsche decía: « El artista es el hombre qie danza encadenado.» La fatalidad que es el presente no es una desdicha, sino una delicia, es la delicia que siente el cincel al encontrar la resistencia del mármol.
Imaginen ustedes por un momento que cada uno de nosotros cuidase tan sólo un poco más cada una de las horas de sus días, que le exigiese un poco más de donosura e intensidad, y multiplicando todos estos mínimos perfeccionamientos y densificaciones de unas vidas por las otras, calculen ustedes el enriquecimiento gigante, el fabuloso ennoblecimiento que la convivencia humana alcanzaría.
Eso sería vivir en plena forma; en vez de pasar las horas como naves sin estabilidad y a la deriva, pasarían ante nosotros cada una con su nueva inminencia.
No se diga tampoco que la fatalidad no nos deja mejorar nuestra vida, porque la belleza de la vida está precisamente no en que el destino nos sea favorable o adverso —ya que siempre es destino—, sino en la gentileza con que le salgamos al paso y labremos de su materia fatal una figura noble...

José Ortega y Gasset

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