martes, 1 de julio de 2008

EL MUNDO ESPIRITUAL


LAs VIÑETAs PERTENECEn A:
Hugo Pratt -Corto Maltés- MU

La respuesta a este problema puede encontrarse en los mismos escritos de Steiner acerca del «mundo espiritual». En 1912 y 1913 publicó dos libros pequeños —que ahora suelen publicarse juntos— llamados El camino hacía el conocimiento de sí mismo y El umbral del mundo espiritual. Contienen un resumen muy útil de sus ideas sobre los «cuatro cuerpos» del hombre, sobre los «mundos suprasensibles», los seres cósmicos», y otros temas análogos. Al analizar cómo se manifiestan los «acontecimientos espirituales», compara esto con el acto de recordar. «Evoquemos una imagen que se eleva en el alma igual que una imagen de la memoria, sin embargo expresa algo que anteriormente no se ha experimentado, aunque es en cierto modo familiar... Si lo hacemos, tendremos la idea de la forma en que aparece en el alma el mundo espiritual cuando ésta se encuentra suficientemente preparada». Y luego explica: «Si el alma desea adquirir la capacidad de entrar consciente en el mundo suprasensible, debe en primer lugar fortalecer sus poderes desplegando desde dentro de sí misma una actividad que fundamentalmente se vincula a la imaginación.
Un escéptico pensará que esto implica el reconocimiento de que sus «visiones» eran pura imaginación. Pero cualquiera que tenga el más mínimo contacto con la tradición del ocultismo encontrará un significado diferente. Ya hemos mencionado el comentario de Aldous Huxley: el hombre posee un inmenso mundo interior que puede compararse al globo terráqueo. Los ocultistas lo llaman «mundo astral». Según la tradición mágica, podemos aprender a «viajar» en este mundo así como en el mundo físico. Lo que se necesita es una facultad altamente desarrollada de visualización. Para esto es necesario entrenarse evocando imágenes mentales tan claras como objetos reales. Por ejemplo, uno de los ejercicios más simples consiste en imaginar un cubo de madera y tratar de visualizarlo con tal claridad que sea posible hacerlo girar, mirarlo desde todos los ángulos, sentir la textura de la madera e incluso olerla. Finalmente, debería ser posible visualizarlo con los ojos abiertos, y proyectar la imagen en el mundo real. Una autoridad en el tema sugiere que no se requiere más de un mes de práctica, dedicando a la experiencia un cuarto de hora por día.
Una vez que se ha logrado esto la etapa siguiente consiste en formar una serie de cinco cartas en que se repiten los «símbolos tattwa» —símbolos de tierra, aire, fuego, agua y éter—; los símbolos se colorean respectivamente de amarillo, azul, rojo, plateado y negro. Debe elegirse un símbolo que se mirará hasta que produzca una «imagen posterior»; esta imagen posterior tendrá el color complementario. En ese momento, debe visualizarse el símbolo en su color complementario, con los ojos cerrados. Luego se debe pensar que es una puerta; y el paso siguiente consistirá en tratar de pasar —imaginativamente_ por esa puerta. Este es el primer paso del «viaje astral». Según el símbolo que se haya elegido, el «paisaje» del otro lado de la puerta tendrá características especiales. Según los «viajeros astrales» experimentados, puede explorarse como cualquier otro paisaje.
Para la mayoría de nosotros será difícil alcanzar ese resultado, porque nuestros poderes de visualización son débiles. Pero esta idea no es en modo alguno anticientífica. El psicólogo Jung llamaba a esta facultad «imaginación activa» y no dudaba de que pudiera desarrollarla la mayor parte de la gente, aunque advertía acerca del peligro de desarrollar estos poderes sin supervisión adecuada. En su autobiografía, Jung describe cómo descubrió su poder de imaginación activa. Después de su ruptura con Freud en 1912, Jung sufrió una crisis mental y durante un tiempo sintió el temor de perder la cordura. Su vida se convirtió en una lucha continua para rechazar el pánico y los presentimientos. Un día, sentado ante su escritorio, resolvió de pronto intentar el experimento de «dejarse ir» y rendirse por completo a las fuerzas caóticas de su mente inconsciente. «Me dejé caer. De pronto sentí que el suelo cedía literalmente debajo de mis pies, y caí a oscuras profundidades». Luego sintió que aterrizaba sobre un material suave y viscoso y se encontró rodeado por un ocaso. En un «sueño de la vigilia» totalmente real, penetró en una cueva subterránea y vio el cuerpo de un joven rubio flotando en un torrente mientras un sol rojo brillaba en el fondo.
Jung había descubierto que podía «soñar» despierto y empezó a realizar viajes regulares a esos reinos mentales. En uno de esos «viajes» se encontró con un anciano y una muchacha ciega que parecían personas reales. Más tarde, mientras conversaba con una de esas figuras soñadas, sintió que «era él quien hablaba y no yo». Ese personaje —a quien llamó Filemón— le enseñó «la objetividad del mundo psíquico», expresión que seguramente Steiner habría aprobado.
Como Ramakrishna después de su tentativa de suicidio, Jung había hallado en sí mismo la capacidad permanente de entrar en esos estados mentales, derribando barreras interiores entre lo consciente y lo inconsciente.
Algunas personas, como el místico William Blake, nacieron con la capacidad de penetrar en ese mundo mental —o astral— de visiones; en su infancia, Blake fue castigado por decir que había visto un árbol lleno de ángeles. Pero indudablemente había visto un árbol lleno de ángeles. Blake ponía gran énfasis en la idea de la imaginación, y sostenía que era la puerta de los mundos interiores. Emanuel Swedenborg, cuyo temperamento era muy parecido al de Steiner (además recibió instrucción como científico e ingeniero), tuvo que atravesar una seria crisis mental en mitad de la vida antes de obtener su capacidad de ver «visiones»...

RUDOLF ESTEINER

1 comentario:

La frontera entre China y Paris dijo...

La verdad que el mundo interior de BLake era extraordinario. ¿Y las visiones de Ginsberg?
Saludos