martes, 1 de julio de 2008

POESÍA Y FILOSOFÍA


Y si alguien le sacase de allí por la violencia haciéndole subir por una áspera y penosa cuesta sin dejarle hasta llevarle frente a la luz del sol, ¿no crees que sufriría y se revolvería al ser arrastrado así? ¿Y cuando llegase a la luz, tendría los ojos deslumbrados de su resplandor, y no podría ver ninguno de los objetos que llamamos ahora verdaderos? No podría, al menos de momentos. Debería, en efecto, habituarse, si quería ver al mundo superior. Lo que vería en seguida con más facilidad, serían las sombras, después las imágenes de los hombres y de otras cosas reflejadas en las aguas, después las cosas mismas. Y después, levantando la vista hacia la luz de los astros y de la luna, contemplaría durante la noche, las constelaciones y el firmamento mismo, más fácilmente que durante el día el sol y su resplandor. Sin duda. Y al fin, creo que sería el sol, no ya en las aguas, ni en sus imágenes reflejadas en algún otro lugar, sino el mismo sol en su lugar lo que él podría mirar y contemplar, tal y como es”.
La purificación ha llegado a su término y el que ha llegado a contemplar el bien cara a cara y a saber que él es la causa de todo lo que en alguna manera es, ya no tiene de propiamente humano, es decir de común con los que todavía siguen encadenados en la caverna, más que la piedad hacia su miserable condición. Y el regreso a la obscura cueva le coloca en una situación extrañísima frente a los hombres: estos por venir él de la luz, por traerla, no lo conocerán. Y su extrañeza es tal, que les irrita, hasta el punto que pueden llegar a darle muerte. No es muy aventurado el pensar que la muerte de Sócrates, su maestro, estaba presente en estas líneas. ¿Es entonces, de extrañar que quien tan tremenda batalla estaba librando para afirmar el camino de la filosofía, fuera todo hostilidad para justificar cualquier otro camino? Era la filosofía, era la vida del filósofo lo que había que justificar y aclarar contra la ciega multitud humana. Era la esperanza puesta por la filosofía al alcance de todo hombre. Porque la esperanza ya no dependía de los dioses ni del destino, la elección para la vida bienaventurada, se hacía por uno mismo. Cualquier hombre podía elegirse a condición de que se eligiera de verdad; es decir, de que se resolviese a ejercer sobre su actual condición, la violencia y arrastrado por ella subir el camino, áspero al principio, luminoso y sin límites, al final. Era la salvación por la filosofía, por el humano esfuerzo: ..Toda alma tiene en sí la facultad de saber y un órgano destinado a este fin y que, como un ojo que no se pudiese volver de la oscuridad hacia la luz, sino volviendo tras de sí todo el cuerpo, así este órgano debe separarse, con toda el alma, de las cosas perecederas, hasta que llegue a ser capaz de soportar la vista del ser y de la parte más brillante del ser, la que llamamos bien. ¿No es cierto? ¡Sí! La educación es el arte de volver a este órgano y de encontrar para ello el método más fácil y eficaz; no consiste en crear la vista en el órgano porque ya la posee, mas como está mal orientado y mira lo que no debe, ella debe procurar la conversión
El prisionero desligado, libre de la opresión de las cadenas y del engaño de las sombras, se apiada de sus antiguos compañeros y los educa, los convierte. Conversión por la filosofía, por la dialéctica, que va más allá de ella, pues que esta áspera subida, hasta llegar a la luz misma, esta conversión que cada cual puede realizar en su alma, y que el filósofo cuida piadosamente, aparece fundada en algo, ya que no es de este mundo. Porque esa luz del bien, no se contempla íntegramente sino tras la muerte...

María Zambrano

No hay comentarios: