viernes, 8 de agosto de 2008

BINARIO...


¿Qué es el estado de superconciencia, de conciencia realmente despierta? Los hombres que lo han expe¬rimentado nos lo describen, a su regreso, con dificultad. El lenguaje falla en parte para explicarlo. Sabemos que puede alcanzarse voluntariamente. Todos los ejercicios de los místicos tienden a este fin. Sabemos también que es posible —como dice Vivekananda— «que un hombre que no conoce esta ciencia (la ciencia de los ejercicios místicos) puede llegar por casualidad a aquel estado». La literatura poética del mundo entero rebosa de testimo¬nios sobre estas bruscas iluminaciones. ¿Y cuántos hom¬bres, que no son ni poetas ni místicos, han sentido que, durante una fracción de segundo, rozaban aquel estado? Comparemos este estado singular, excepcional, a otro también excepcional. Los médicos y los psicólo¬gos empiezan a estudiar, por necesidades del Ejército, el comportamiento del ser humano en la caída sin peso.
Más allá de cierto grado de aceleración, el peso se en¬cuentra abolido. El pasajero del avión experimental lanzado en picado flota durante algunos segundos. Se advierte que, para ciertos pasajeros, esta caída va acom¬pañada de una sensación de extrema dicha. Para otros, de extrema angustia, de horror.
Pues bien, es posible que el paso —o el esbozo de un paso— entre el estado de vigilia ordinario y el estado de conciencia superior (iluminativo, mágico) produzca ciertos cambios sutiles en el organismo, desagradables para ciertos hombres y agradables para otros. El estudio de la fisiología relacionada con los estados de conciencia es todavía embrionario. Empieza a hacer algunos pro¬gresos con la hibernación. La fisiología del estado supe¬rior de conciencia no ha llamado todavía la atención de los sabios, salvo algunas excepciones. Si se acepta nues¬tra hipótesis, se comprende la existencia de un tipo hu¬mano racionalista, positivista, agresivo por autodefensa en cuanto se trata, en literatura, en filosofía o en ciencias, de salir del campo en que se ejercita la conciencia en su estado ordinario. Y se comprende la existencia del tipo espiritualista, para quien toda alusión a un más allá de la razón produce la sensación de un paraíso perdido. En el fondo de una inmensa querella escolástica, volveríamos a encontrar el humilde «Yo amo o yo no amo». Pero, ¿qué es lo que, en nosotros, ama o no ama? En verdad, no es jamás Yo: «Esto ama, o esto no ama, en mí», y nada más. Alejémonos, pues, lo más posible del falso problema espiritualismo-materialismo, que tal vez no es más que un verdadero problema de alergias. Lo esencial es saber si el hombre posee, en sus regiones inexploradas, instrumentos superiores, enormes amplificadores de su inteligencia, el equipo completo para conquistar y com¬prender el Universo, para conquistarse y comprenderse a sí mismo, para asumir la totalidad de su destino.
Bodhidarma, fundador del budismo Zen, un día que estaba meditando, se durmió (es decir, volvió a caer, por inadvertencia, en el estado de conciencia habi¬tual en la mayoría de los hombres). Esta falta le pa¬reció tan horrible que se cortó los párpados. Éstos, según la leyenda, cayeron al suelo, y enseguida na¬ció de ellos la primera planta de té. El té, que pre¬serva del sueño, es la flor que simboliza el deseo de los sabios de mantenerse despiertos, y por esto, sé dice, «el gusto del té y el gusto del Zen son pare¬cidos».
Esta noción del «estado de alerta» parece ser tan vieja como la Humanidad. Es la clave de los más anti¬guos textos religiosos, y acaso el hombre de Cromagnon buscaba ya alcanzar este tercer estado. El cálculo de las fechas por medio del radiocarbono ha permitido comprobar que los indios del sudeste de México, hace más de seis mil años, comían ciertas setas para provo¬car la hiperlucidez. Se trata siempre de conseguir que se abra el tercer ojo, de rebasar el estado de conciencia ordinario en que todo son sólo ilusiones, prolongación de los sueños del sueño profundo. «Despierta, hombre dormido, ¡despierta!» Desde el Evangelio hasta los cuentos de hadas, encontraremos siempre la misma amonestación.
Los hombres han buscado este estado de alerta en toda suerte de ritos, por la danza, los cantos, la medita¬ción, el ayuno, la tortura física, las diversas drogas, etc. Cuando el hombre moderno haya comprendido la im¬portancia de lo que está en juego —cosa que no puede tardar—, se descubrirán indudablemente otros medios. El sabio americano J. B. Olds proyecta un estímulo electrónico del cerebro. El astrónomo inglés Fred Hoyle1 propone la observación de imágenes luminosas en una pantalla de televisión. Ya H. G. Wells, en su bello libro En los tiempos del cometa., imaginaba que después de la colisión de un cometa, la atmósfera de la Tierra se encontraba llena de un gas que provocaba la hiperlucidez. Los hombres cruzaban por fin la fron¬tera que separa la verdad de la ilusión. Despertaban a las verdaderas realidades. De pronto, todos los pro¬blemas prácticos, morales y espirituales, quedaban resueltos.
Este despertar de la «superconciencia» parece ha¬ber sido buscado hasta hoy únicamente por los mís¬ticos. Si ello es posible, ¿a qué hay que atribuirlo? Las religiones nos hablan de gracia divina. Los ocultistas, de iniciación mágica. ¿Y si se tratase de una facultad na¬tural?
La ciencia más reciente nos muestra que porcio¬nes considerables de la materia cerebral son todavía «tierra desconocida». ¿Sede de poderes que no sabe¬mos utilizar? ¿Sala de máquinas cuyo empleo igno¬ramos? ¿Instrumentos en espera de las próximas mu¬taciones?
Hoy sabemos que el hombre no utiliza habitualmente, incluso para las operaciones intelectuales más complejas, más que una décima parte de su cere¬bro. La mayor parte de nuestros poderes quedan, pues, sin utilizar. El mito inmemorial del tesoro oculto no significa otra cosa. Es lo que dice el sabio inglés Gray Walter en una de las obras esenciales de nuestra época: El cerebro viviente. En una segunda obra, mezcla de anticipación y de observación, de fi¬losofía y de poesía, Walter afirma que, indudable¬mente, las posibilidades del cerebro humano no tie¬nen límite, y que llegará un día en que nuestro pensamiento explorará el Tiempo, como ahora explo¬ramos el espacio. Coincide en este punto de vista con el matemático Eric Temple Bell, que atribuye al hé¬roe de su novela El fluir del tiempo, el poder de viajar a través de toda la historia del Cosmos.2
Ciñámonos a los hechos. Se puede atribuir el fenó¬meno del estado de supervigilia a un alma inmortal. Desde hace miles de años se ha planteado esta idea, sin que hayamos avanzado gran cosa en la solución del pro¬blema. Pero si, para no apartarnos de los hechos, nos li¬mitamos a comprobar que la noción de un estado de su¬pervigilia es una aspiración constante de la Humanidad, con esto no nos basta. Es una aspiración. Pero es también algo más.
La resistencia al tormento, los momentos de inspi¬ración de los matemáticos, las observaciones hechas a través del electroencefalograma de los yoguis, así como otras pruebas, nos obligan a reconocer que el hombre puede tener acceso a otro estado distinto del de vigilia lúcida normal. Sobre este estado, cada cual es libre de adoptar la hipótesis que prefiera: gracia de Dios o des¬pertar del Yo Inmortal. Libre también de buscar, «a lo salvaje», una explicación científica. Ya nos comprendéis: no somos científicos, pero no despreciamos nada de lo que es de nuestra época para ir a explorar lo que es de todos los tiempos…


Pauwels, Louis y Bergier, Jacques- El Retorno de los Brujos

6 comentarios:

Complejo de Úrsula dijo...

Genial fragmento el que nos has puesto.
Lo mismo que esta arriba es lo mismo de abajo, todo es la misma cosa . . . Tengo la sensación de que me entiendes en lo que acabo de poner. Para mi es evidente que hay unas energias en este mundo más allá de las que vemos y usamos normalmente; el camino es duro y dificil a veces entender ciertas cosas pero merece la pena estar siempre en busqueda y aprendiendo.

Uhm. . .

Y gracias por tus comentarios por cierto, las fotos que pongo son hechas por mi ^ ^

Besos,
Rocío.

Sahakiel dijo...

A mí también me gusta lo que escribiste; siempre nos cuentas cosas tan interesantes...

Gracias por acordarte de mí y escribirme!!
;*

Daliα dijo...

Gracias por escribirme..=) Seguiré leyendote! Un abrazo!

Kat dijo...

Ando falta de momentos para pasar, pero cuando lo hago,vale la pena.Siempre es interesante leer lo que publicas!
Muchos besos

Kat dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
7 dijo...

perdon borre el último comentario por error