martes, 28 de octubre de 2008

El misterio de Sirio


Otro uso del nombre Wazn es su libre aplicación a la estrella Cánope de la constelación Argo. Al describir dicha constelación, Allen cita al antiguo poeta griego Arato en un pasaje que nos muestra algo de la relación entre Argo y el Can Mayor:
De popa Argo junto a la cola del Gran Perro
es arrastrada...
Argo es la constelación que representa tanto a la nave de Jasón con sus cincuenta argonautas como al arca de Noé.
La Argo de Jasón «transportó a Danao con sus cincuenta hijas de Egipto a Rodas», como dice Allen. Añade: «La narración egipcia decía que fue el arca que transportó a isis y Osiris durante el diluvio; mientras que los hindúes pensaban que habia desempeñado el mismo papel para sus equivalentes ¡si e Iswara.
Respecto a la nave Argo (o arca) celeste, anteriormente hemos encontrado esta idea egipcia de naves celestes a bordo de las cuales sus dioses surcaban las aguas de los cielos. Las tres diosas- Sirio: Sothis, Anukis y Satis iban en la misma nave. Así, pues, es interesante comprobar que Argo era una nave relacionada con Isis y Osiris, porque un concepto que parece empeñado en apegarse a Argo es el número cincuenta. Sospecho que se trata de un vestigio del concepto según el cuaL Sirio B necesita cincuenta años para completar una órbita alrededor de Sirio A. Esta sugerencia no es tan descabellada como puede parecer a primera vista. A decir verdad, el lector descubrirá, a medida que siga leyendo, que esta posibilidad se hace cada vez más obvia. Debemos tener en cuenta que, en términos egipcios, la órbita de Sirio B alrededor de Sirio A hubiera podido expresarse en términos de una nave celeste. Ahora bien, dado que Argo es la nave de Isis y Osiris, ¿qué mejor forma de expresar la órbita de cincuenta años que dando a la nave otros tantos remeros? Y eso es lo que tiene Argo: según La tradición, hay cincuenta remeros o argonautas.
Con el fin de reforzar mi argumento, citaré la forma precisa en que Allen describe esto: «La mitología insistió en que fue construida por Glauco, o por Argos, para Jasón, líder de los cincuenta argonautas, cuyo número era igual al de los remos de la nave...» Dicho de otro modo, no son los hombres sino el número de remos colocados en línea alrededor del buque lo que importa. ¡Una nave (una órbita) con cincuenta remos (cincuenta «mojones» o etapas anuales)! Y para que no se no escape la importancia de la cifra, se nos dice que ¡fueron cincuenta las hijas de Danao transportadas desde Egipto en la Argo! (Ruego paciencia a los lectores que se estén preguntando qué otra conexión puede haber entre la Argo de los griegos y el antiguo Egipto). Así, pues, corno vemos ahora, Argo aparece totalmente involucrada en el asunto. Hay otras muchas ramificaciones de esto, no sólo de Argo, sino del número cincuenta.

Pero antes de escudriñar lo que eso entraña, vale la pena ofrecer un ejemplo del concepto de «el remero» en la nave celestial según el texto de un antiguo sarcófago egipcio, «El campo del paraíso». Es muy probable que de conceptos semejantes surgiera y se desarrollase la idea de un remero y su remo, idea que se incorporó al mito de la Argo y llegó a hacerse simbólica: «En el lugar donde Re (el Sol) navega a remo. Soy el guardián de la danza en la nave del dios; soy el remero que no se fatiga en la nave de Re». (Re es otra forma del nombre, más conocido, de Ra.)
Otra información que nos da Plutarco sobre Anubis es: «Y cuando el niño (Anubis, hijo de Neftis y Osiris) fue hallado, tras grandes esfuerzos y problemas, con la ayuda de perros que condujeron a isis hasta él, fue educado y se convirtió en el guardián y sirviente de ella, recibiendo el nombre de Anubis, y se dice de él que protege a los dioses del mismo modo que los perros protegen a los hombres».
Si se concibe a Anubis como una órbita alrededor de Sirio, entonces es cierto que sería sirviente de Isís. Daría vueltas y más vueltas alrededor de ella como un perro guardián.
Plutarco narra un cuento interesante: «Además, Eudoxio dice que los egipcios tienen una tradición mítica con respecto a Zeus, el cual, debido a que sus piernas crecieron juntas, no podía andar... » Esto suena a algo muy parecido al Oannes anfibio de los sumerios, el cual tenía cola para nadar en vez de piernas para caminar.
Plutarco nos proporciona una clave importante y crucial que relaciona a Isis con la Argo y los argonautas, y demuestra una derivación probable d una idea que ha intrigado muchísimo a los clasicistas (más adelante veremos considerablemente ampliados los vínculos entre Isis y la Argo): «Igual que éstas son también las creencias egipcias; porque, a menudo, dan a Isis el nombre de Atenea, que expresa una idea parecida a ésta: “Salí de mí mismo”, que es indicio de automoción».
Hay que recordar que de Atenea, diosa griega de la mente y la sabiduría, se decía que había salido de la frente de Zeus. No nació. Salió de sí misma. Sin embargo, hay que proseguir la cita para que tenga sentido:
Tifón, como se ha dicho, se llama Set y Bebón y Smu, y estos nombres indicarían algún obstáculo, oposición o inversión, de tipo forzoso o preventivo.
Además, llaman a la magnetita «el hueso de Horus», y al hierro «el hueso de Tifón», como registra Manetón. Porque, del mismo modo que el hierro a menudo actúa como si fuera atraído por la piedra y, a veces, es rechazado y repelido en la dirección contraria, también el saludable, bueno y racional movimiento del mundo en un momento, por persuasión, atrae hacia sí y suaviza ese movimiento duro y tifoniano, para luego recogerse, volverlo al revés y lanzarlo a las dificultades.

La identificación de Isis con Atenea aquí, en relación con magnetitas y «automoción», hace pensar en la colocación por Atenea de roble cibernético («de dirección») procedente del sagrado santuario de Dodona (al que se supone fundado por Deukalion, el Noé griego, tras tomar tierra su arca) en la quilla de la Argo. H. W. Parke se refiere a ello en sus libros Greek Oracles y The Oracles of Zeus: «Cuando se construyó la Argo, Atenea cogió un madero del roble de Dodona (el centro oracular de Zeus) y lo colocó en la quilla. El resultado fue que la Argo misma podía hablar y guiar o advertir a los argonautas en los momentos críticos, como realmente le vemos hacer en los relatos épicos que han llegado hasta nosotros. El relato original se ha perdido, pero no hay motivo para dudar que este hecho milagroso tuviera su origen en él y, de ser así, cuando menos era tan antiguo como la Odisea, en la que se mencionan la Argo y su historia». Seguidamente, Parke hace mucho énfasis en que es la madera misma la que hace de guía. Es autosuficiente, en lugar de ser sólo un medio oracular. Vemos así que la Argo poseía una capacidad singular para la «automoción», incorporada a ella por Atenea (a la que Plutarco identifica con Isis).
Pero dejaremos a los cincuenta argonautas y su nave mágica para dirigir nuestra atención hacia lo que parece una descripción egipcia bastante precisa del sistema de Sirio, y que se conserva en una fuente insólita. Se trata de G. R. S. Mead (que era amigo del poeta Yeats y aparece mencionado por su apodo de «Oid Crore» en los Cantos de Ezra Pound), cuya obra en tres volúmenes Thrice Greatest Hermes contiene, junto con extensos prolegómenos y notas, una traducción de la oscura y, por lo general, ignorada «literatura trismegística» de la tradición hermética…

El misterio de Sirio_ Robert K. G. Temple

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