jueves, 16 de octubre de 2008

el saco de canicas...


«La Historia es una página en blanco, que los hombres pueden llenar como les plazca.»
M. Baudin

De este modo, una civilización, en un momento histórico, y a la manera de un hombre embargado por la más viva emoción, revive mil instantes de su pasado, según un orden y en una sucesión aparentemente in¬comprensibles.
Si sacudimos la cesta, todas las canicas salen a la su¬perficie en desorden, o mejor, según un orden y unos razonamientos cuya determinación sería de una com¬plicación infinita, pero en los que podríamos descubrir infinidad de esos encuentros chocantes e iluminadores que Jung llama coincidencias significativas. La admira¬ble frase de Jacques Riviére es aplicable a las civilizacio¬nes y a los momentos históricos: «Al hombre le ocurre, no lo que se merece, sino lo que se le asemeja.» Un cua¬derno escolar de Napoleón termina con estas palabras: «Santa Elena, pequeña isla.»
Es una lástima que el historiador juzgue indigno de su ciencia el consignar y examinar estas coincidencias que entreabren bruscamente una puerta sobre otra cara del Universo en que el tiempo no es ya lineal. Su ciencia lleva retraso en la relación con la ciencia en general, que, tanto en el estudio del hombre como en el de la materia, nos muestra unas distancias cada vez más re¬ducidas entre el pasado, el presente y el porvenir. Unas vallas cada vez más delgadas nos separan, en el jardín del destino, de un ayer totalmente conservado y de un mañana enteramente formado. Nuestra vida, como dice Alain, «se abre a grandes espacios».
Existe una florecilla extremadamente delicada y be¬lla que se llama saxífraga umbría. Se le llama también «la desesperación del pintor». Pero ya no desespera a ningún artista, desde que la fotografía y otros muchos descubrimientos han librado a la pintura de la preocu¬pación por el parecido externo. El pintor menos joven de espíritu, no se sienta ya ante un ramo como solía ha¬cer antaño. Sus ojos ven algo distinto del ramo, o me¬jor, su modelo le sirve de pretexto para expresar, por medio de la superficie coloreada, una realidad oculta a la mirada del profano. Trata de arrancar un secreto a la creación. Antaño, se hubiera contentado con reprodu¬cir las apariencias tranquilizadoras y, en cierto modo, participar en el engaño general sobre los signos exterio¬res de la realidad. «¡Ah! ¡Esto ha sido escupido!» Pero el que escupe está enfermo. En el transcurso de este medio siglo, no parece que el historiador haya evolu¬cionado como el pintor, y nuestra historia es tan falsa como lo eran un seno de mujer, un gatito o un ramo de flores bajo el pincel petrificado de un pintor confor¬mista de 1890…

Pauwels - Bergier - El Retorno de los Brujos

1 comentario:

Blackrose dijo...

Alguien muy especial, una vez que recuerdo como si hubiera sido un sueño, me dio una canica azul...

Y sin embargo, sigue conmigo.


Besos y abrazos azules, sin duda.