viernes, 26 de diciembre de 2008

El ángel de la ventana de oriente


Gustav Meyrink (Viena, 1868), hijo ilegítimo de la famosa actriz María Meyer y el barón Karl von Varnbüler, acudió al colegio en Múnich y Hamburgo, y cursó el bachillerato en Praga. A partir de entonces su destino quedó unido a esta ciudad. Sus peculiares aficiones, su turbulenta vida nocturna, su magnética personalidad y un sentido del honor que le obligaba a batirse continuamente en duelo, le convirtieron en el terror de la burguesía praguense. Meyrink se consideraba clarividente y practicaba el espiritismo. Adquirió gran dominio del cuerpo y de la mente gracias al yoga, experimentó con drogas y llegó a ser un consumado alquimista. Las obras de Meyrink, entre las que se encuentra su inmortal novela El Golem, parecen emerger de profundidades fuera del tiempo y gravitan entre lo demoníaco, lo grotesco y lo sublime en la indagación de enigmas que han fascinado a la mente humana desde el origen de los tiempos. El ángel de la ventana de occidente, última novela de Meyrink, narra la fantástica historia de un hombre que, tras hacerse cargo de los papeles de un primo difunto, comienza a tener pesadillas y visiones sobre su antepasado, el enigmático John Dee, célebre ocultista inglés que vivió entre 1527 y 1609. Recibe entonces la visita de dos extraños personajes, el misterioso Lipotin y la seductora Assja Chotokalungin, que le reclaman la legendaria punta de lanza de Hoël Dhat, de la que él nada sabe. La acción de la novela, que transcurre en Inglaterra, Polonia y Praga, oscila entre lo real y lo onírico, y viaja desde los albores del siglo XX al reinado de Isabel I. El relato pretende ilustrar la ley del karma, así como exponer los fundamentos de la verdadera alquimia: procurar al ser humano un vehículo inmortal para lograr la resurrección de la carne.

Ed. Valdemar_Gustav Meyrink

“Sabe que el verdadero segundo nacimiento es esto: que tú seas uno conmigo y reconozcas que yo, tu guía hasta el árbol de la vida, has sido tú mismo”.
La mujer y el sexo como puertas de acceso a la trascendencia. Esta temática aparece en casi todas las novelas de Meyrink, alcanzando sus más altas cumbres en El Dominico Blanco (en la figura trascendente de Ofelia) y en El Ángel de la Ventana de Occidente. Meyrink alude a la “unión con la mujer” para reconstruir el andrógino primordial. Esa mujer debe ser “especial”, y estará en sí misma dotada para la relación trascendente. Para Meyrink lo masculino y lo femenino no estarán solamente en relación de polaridad, insuficiente para aproximar a ambas partes a la trascendencia y que, como máximo puede alcanzar las cotas del amor romántico y exaltado que se conoce en cuanto se conoce la sonrisa de una mujer. Lo que propone Meyrink va mucho más allá del nivel más elevado del amor profano. Se trata de alcanzar con la mujer una tensión espiritual y un antagonismo reales y similares a las que mantienen los protagonistas de El Ángel de la ventana de Occidente. En esta novela, uno de los personajes contrapone relaciones sexuales en las cuales la polaridad latente se eleva al grado máximo para convertir la relación erótica en extrema y destructiva. En el momento del orgasmo deberían diluirse los rasgos de la personalidad y generarse una situación similar a la muerte que abriría a una nueva vida y a un renacimiento (temática propia de El Rostro verde, en especial). Esta forma de sexualidad no tendría apenas nada que ver con el “eros animal procreador”, simple traslación del instinto de supervivencia o con el “amor plebeyo” experimentado habitualmente y que aparece en El rostro verde en la figura de la guarra del puerto. Meyrink alude a la “muerte que viene de la mujer” y alude a una serie de postulados que seguramente conoció durante sus pesquisas por el yoga tántrico.

Viñetas del comic_Corto Maltes_hugo Pratt

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