jueves, 19 de febrero de 2009

es un cuerpo de pensamientos que nace en un alma...


Para cualquier artista, sus recuerdos, tanto pasados como futuros, son la razón de su regreso, porque regresar es mantener un diálogo con el presente confirmado, es establecer el canon y la jerarquía de los hechos del pasado en su pervivencia hacia el futuro. Elaborar una posibilidad es desechar otras muchas vías de expresión, pero no de aprendizaje y conocimiento. Regresar es el diálogo que el ser humano mantiene con las sombras que han pedido preceder cada uno de los pasos que sustentarán su futuro.
Las composiciones de Alexandra Domínguez buscan la interpretación, el discurso poético que evoca; sus «atlántidas» podrían responder a las jornadas de un hombre que vaga con sus recuerdos; un hombre que lo ha perdido todo, y todo lo ha de ganar. Pero al margen de la interpretación que para cada uno de nosotros tenga de su obra, esta serie de grabados adquieren personalidad por cómo son, no por el qué son…
….Estas «atlántidas» tienen la emoción de la memoria caleidoscópica, desde la que parecen emerger los restos de un desaparecido mundo arcádico, aunque no inocente, pues la obra de Alexandra Domínguez, más que un encuentro, es una búsqueda en la que el artista descubre, a la vez que mantiene un aparente empeño en ocultar lo evidente para él ¾como parecen delatar el uso de unas texturas acuosas como si fuesen un impulso¾, un acto reflejo por no desvelar en su totalidad ese substrato de revelación que caracterizan a los sueños y sus sombras.
El entramado gráfico sobre el que se generan estos grabados atienden a cierto espíritu laberíntico, en el que la huella de ciertas formas y figuras hacen intuir una geografía arquitectónica, un entramado formal de elaboración compleja y ensimismada, potenciado por una muy estudiada utilización de estratos significativos de forma y color.

Rutas misteriosas del conocimiento sugieren muchas de las transparencias tan afines al ensoñamiento cinematográfico. Pero esta carga onírica en ningún momento debe de interpretarse como irracional. La obra de Alexandra Domínguez es un refinado proceso de decantación, pero siempre desde la mesura de la investigación aplicada desde el conocimiento de la técnica que emplea. De lo contrario, sería imposible llegar a esa sobreelaboración de las composiciones, en las que la miniaturización de los contenidos estéticos acrecientan el misterio que toda obra de arte debe de ejercer sobre los espíritus que la contemplan.
Si pudiésemos saber qué piensan las obras de arte sobre las obras de otros creadores, posiblemente el ser humano tendría ante sí puertas que nunca creyó que existiesen. Pues, al final, de alguna extraña manera, el hombre es el que progresivamente va entendiendo el diálogo que las propias obras ejercen entre sí, unas a favor de otras, puesto que el diálogo en arte siempre parte de qué, y no de los presupuestos humanos, que lo hacen desde el cómo…

…En definitiva, de lo que estamos tratando a partir de la obra de Alexandra Domínguez es de que en donde el tiempo y el destino han obrado con libertad, solamente el diálogo es lo que cimienta el recuerdo de las ruinas desde las que emergerán, como ciudades, los nuevos hombres. Este es el riesgo de su obra: su propio fruto y su propia teoría hecha acción.


Madrid, septiembre, 2002
(fragmento) Miguel Ángel Muñoz Sanjuán
Atlantidas de una posteridad interior: reflexiones sobre la obra pictórico gráfica de Alexandra Domínguez
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/atlantid.html

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