jueves, 19 de febrero de 2009

ese-cielo-azul-muy-azul II


Y el Fausto es un drama alquimista de principio a fin aunque el hombre culto de hoy no tenga la menor sospecha de ello. Si bien es verdad que nuestra conciencia no comprende todo ni muchísimo menos, el inconsciente, sin embargo, toma buena nota de las singularidades «sagradas primitivas» para evocarlas en el momento oportuno. Es posible que a nuestro sujeto que sueña le haya ocurrido con el Fausto lo que al joven Goethe en la época de Leipzig, cuando estudiaba a Teofrasto Paracelso con Fräulein von Klettenberg . Fue entonces cuando se le grabó el misterioso quidproquo del siete y el ocho sin que su conciencia lo hubiese adivinado, como quizá debamos suponer. El sueño que sigue muestra que no está fuera de lugar el recuerdo del Fausto…

...Un largo caminar. El que sueña encuentra en el camino una flor azul...

El caminar sin más es recorrer caminos que no conducen a ninguna meta, y por ello, es al mismo tiempo una búsqueda y un cambio; y de repente, sale al encuentro del caminante el florecimiento de una rosa azul en el camino, sin propósito; un retoño casual de la Naturaleza, que recuerda amistosamente lo romántico-lírico que antaño echó yemas en una época juvenil, cuando la imagen del mundo científico no se había separado aún dolorosamente de la experiencia real del mundo, o, más bien, cuando precisamente comenzaba la separación y la mirada dirigida hacia atrás contemplaba ya el pasado. Es en realidad como una seña amistosa, un numen del inconsciente, el que, al despojado del camino seguro y de la pertenencia a lo que significa salvación para el ser humano, le muestra el lugar histórico donde encuentra un espíritu amigo y hermano y donde se halla ese germen que también podría desarrollarse en él.. Concretamente, la «flor áurea de la alquimia» es también, en ocasiones, una flor azul…


Jung, C. G. - Psicología y alquimia

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