jueves, 19 de febrero de 2009

la lengua de los pájaros...


¿Qué es el arte gótico, al que debemos las catedrales? «Para nosotros -escribía Fulcanelli -, arte gótico no es más que una deformación ortográfica de la palabra argótico, conforme a la ley fenoménica que rige, en todas las lenguas, y sin tener en cuenta la ortografía, la cabala tradicional.» La catedral es una obra de arte godo o de argot.
¿Y qué es la catedral de hoy, la que enseña a los hombres las estructuras de la Creación, sino la ecuación, sustituyendo al rosetón? Desprendámonos de inútiles fidelidades al pasado, con el fin de aproximarnos mejor a éste. No busquemos la catedral moderna en el monumento de vidrio y de cemento rematado por una cruz. La catedral de la Edad Media era el libro de los misterios dado a los hombres de ayer. El libro de los misterios lo escriben hoy los físicos matemáticos, con sus «seres matemáticos» incrustados como rosetones en las construcciones que se llaman cohete interplanetario, fábrica atómica, ciclotrón. He aquí la verdadera continuidad, he aquí el fiel real de la tradición.
Los argoitiers de la Edad Media, hijos espirituales de los argonautas que conocían la ruta del jardín de las Hespérides, escribían en la piedra su mensaje hermético. Signos incomprensibles para los hombres cuya conciencia no sufrió transmutaciones, cuyo cerebro no experimentó la aceleración formidable gracias a la cual lo inconcebible se hace real, sensible y manejable. No eran secretos por amor al secreto, sino simplemente porque sus descubrimientos de las leyes de la energía, de la materia y del espíritu se habían realizado en otro estado de conciencia, directamente incomprensible. Eran secretos, porque «ser» es «ser diferente».

Por tradición atenuada, como en recuerdo de tan alto ejemplo, el argot es en nuestros días un dialecto al margen, para uso de rebeldes ávidos de libertad, de proscritos, de nómadas, de todos aquellos que viven fuera de las leyes recibidas y de las convenciones; de los voyous, es decir, de los «videntes», de los que en la Edad Media -sigue diciendo Fulcanelli- se atribuían para sí el título de Hijos del Sol, cuando el art got era el arte de la luz o del Espíritu.
Pero nosotros volvemos a encontrar la tradición sin degeneraciones, si advertimos que este art got, este arte del Espíritu, es hoy el de los «seres matemáticos» y de las integrales de Lebesgue, de los «números más allá del infinito»; el de los físicos matemáticos que construyen, con curvas insólitas, con «luces prohibidas», con truenos y llamas, las catedrales del porvenir…


FOTO: calles-solitarias

FOTO: Sonia y Javi en su viaje a Praha

No hay comentarios: