lunes, 23 de marzo de 2009

etapas...


Josef Knecht, el héroe de El juego de abalorios, la última novela de Hesse, es también un eterno insatisfecho que pretende avanzar, pero que encuentra su realización sólo en el servicio a los demás. La vida contemplativa de meditación en la Provincia Pedagógica de Castalia y la práctica del juego de abalorios termina por no bastarle, y en él surge también el impulso por hacer que el “magister ludi”, que ha ascendido hasta los más altos honores, asuma responsabilidad pedagógica en la vida concreta fuera de la torre de marfil espiritual, con objeto de realizar así la dimensión social de su yo individual. De este modo el conocimiento fundamental del lobo estepario sobre la imposibilidad de la plenitud y el eterno viajar hacia un ideal inalcanzable se retoma en un nuevo plano y se complementa con el principio ético de la participación concreta en la humanidad. La meditación y la acción se unen entre sí en un ideal bipolar: “No debemos huir de la vida activa a la vida contemplativa, ni al contrario, sino que hemos de estar alternativamente en camino entre ambas, sentirnos en casa en ambas, participar en ambas.”
Con esto llego al intento de establecer un hecho: las obras de Hesse estuvieron muy influidas por la teoría de Jung, y no sólo Demian y El lobo estepario. Esto se demuestra por la configuración de los personajes arquetípicos, en el concepto de individualización y en motivos concretos de prácticamente todas sus grandes obras de prosa escritas durante el periodo creativo medio y tardío. El pensamiento de Jung y su aplicación objetivadora en su arte le permitió a Hesse, como al propio Jung, lograr la reintegración y la nueva plenitud de la personalidad que a ambos les habían quitado sus padres y sus educadores. La psicología de Jung y su propia producción artística fueron para Hesse la terapia que necesitaba para, después de las vivencias traumatizantes de su niñez, ser siquiera capaz de vivir e incluso formar una identidad intelectual propia e inconfundible. Al mismo tiempo, Hesse consideró con criterio bastante crítico las teorías de Jung, así como toda la psicología profunda, y aplicó y siguió desarrollando de forma peculiar y creativa sus conceptos antropológicos en su pugna humana y poética.

Tras la búsqueda radical de la redención durante sus años de crisis desde Demian hasta El lobo estepario, a través de dolorosas experiencias propias también se da cuenta de la verdad formulada por Jung de que es imposible lograr una liberación y una redención duraderas. Sólo este conocimiento libera a Hesse definitivamente de la influencia dominadora de la psicología profunda en su obra y le abre la mirada para reconocer la polaridad indisoluble de la existencia y la condición humana como un permanente estar en camino. A estos hilos conductores dedicó su obra tardía, desde Narciso y Goldmundo hasta El juego de abalorios.

La expresión más hermosa y conmovedora de este conocimiento, en mi opinión, se encuentra sin embargo en su poema tardío Stufen (“Etapas”), con cuya primera estrofa voy a terminar mi conferencia:

Etapas

Igual que toda flora se marchita y toda juventud
deja paso a la edad, florece cada etapa de la vida,
florece cada sabiduría y cada virtud
en su momento, y no puede durar siempre.
Dispuesto debe estar el corazón a cada llamada
de la vida para despedirse y comenzar de nuevo,
para darse a otras ataduras, distintas y nuevas,
sin aflicción y con valentía.
Y cada comienzo lleva en sí una magia…
que nos protege y a vivir nos ayuda.

Por Günter Baumann (Fragmento) Conferencia en el 9º Coloquio Internacional sobre Hesse en Calw en 1997.
Portada Comic: Max.
Fotograma: Capítulo dos de la 3ª Temporada de la serie ´ Héroes ´
Viñet_comic_Hugo_Pratt_MU_(1988)

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