martes, 22 de diciembre de 2009

Poco después se quedó adormilado


Son muchos los artistas y científicos que hablan de la necesidad de ser pacientes y receptivos. Entre los científicos, Konrad Lorenz, premio Nobel de Medicina de 1973, destacó la importancia que tiene saber esperar: «Este aparato [...1 que intuye [...] actúa de un modo sumamente misterioso porque, de alguna manera, mantiene a flote todos los hechos conocidos a la espera de que ocupen su posición correcta, como si se tratara de un rompecabezas. Si presionamos, si intentamos permutar nuestro conocimiento, no obtenemos nada. Lo que hay que hacer es presionar de ese modo misterioso y luego descansar; de repente, DING!, la solución aparece». Por su parte, el matemático y filósofo George Spencer Brown manifiesta en su obra Las leyes de la forma:

Para alcanzar la verdad más simple, como Newton sabía y aplicaba, se requieren años de contemplación. Nada de actividad, Nada de razonamiento. Nada de cálculos. Ningún tipo de comportamiento activo. Nada de hablar. Nada de hacer esfuerzos. Nada de pensar. Sólo tener en mente qué es lo que se quiere conocer.

” Según Lorenz y Spencer, no es que cuando dejamos un problema por imposible lo abandonemos por completo. El proceso es más sutil. Aunque en apariencia ya no intentamos resolverlo, seguimos ejerciendo una especie de «presión misteriosa». Ya no pensamos en él, pero de alguna manera lo «tenemos en mente». Es como si dejáramos que el problema continuara alojado en un borde de nuestra conciencia, ya sin el propósito de llegar a su resolución. El filósofo estadounidense Nel Noddings describe este delicado equilibrio entre buscar y recibir en una situación más cotidiana, el del estudio de un libro.

La mente permanece, o puede permanecer, notablemente activa, pero e! esfuerzo instrumental queda en suspenso. En estas modalidades no intentamos imponer el orden a las situaciones sino que dejamos que el orden ya existente se nos manifieste. Esto no significa, evidentemente, que metas y objetivos no desempeñen ningún papel en el hecho de someternos a un estado receptivo, porque no es así. Nos ponemos a estudiar matemáticas o literatura porque queremos conseguir algo —un título, una licenciatura, un empleo—, pero si tenemos suerte, y estamos dispuestos, la meta inicial se desvanece y nos quedamos atrapados por el objeto en sí mismo.


Que las ideas se forman y se desarrollan gradualmente durante mucho tiempo, tal vez desde un primer momento invisible, y que son entregadas involuntariamente a la conciencia, son cosas que lo artistas, los científicos y los matemáticos saben muy bien. El dramaturgo Jean Cocteau avala con entusiasmo la necesidad de permitir que la mente tenga temporadas de descanso, al tiempo que intenta eliminar la idea de que «las musas» que surgen de la paciencia tengan algo de mágico o sobrenatural.

A menudo el público se forma una idea bastante inexacta, casi más relacionada con la religión, de lo que es la inspiración. Ay! Yo no creo que la inspiración caiga del cielo. Más bien la concibo como el resultado de una profunda indolencia o de nuestra incapacidad para poner en funcionamiento algunas de nuestras fuerzas. Estas fuerzas ocultas funcionan en nuestras profundidades con la ayuda de los elementos de nuestra vida cotidiana, de sus escenas y sus pasiones, y cuando [...] el trabajo que se ha estado realizando en nuestro interior, a nuestras espaldas, exige salir a la luz, creemos que proviene de las alturas, como un don de los dioses. El artista se adormece para no tener que trabajar […] El poeta, en cambio, queda a expensas de la noche. Su tarea es humilde; debe limpiar la casa y esperar su posible visita.


El historiador John Livingston Lowe ha realizado un estudio detallado sobre las fuentes y los materiales en los que Coleridge basó su póema épico El anciano marinero y ha podido seguir en dichas fuentes los antecedentes olvidados de cada una de las palabras y oraciones que componen sus más vívidas estrofas. Resume de este modo los procesos que debieron de haber tenido lugar, ocultos, en la mente del poeta:


Hechos que se sumergían a veces más allá de la conciencia, se unían por debajo de la superficie mediante afinidades de elementos comunes de carácter casi químico [...]. Y allí, en la mente inconsciente de Coleridge —mientras su conciencia se hallaba ocupada en un dolor de muelas o en la enfermedad infantil de Hartley, paseando con los Wordsworth entre Nether Stowey y Alfoxden, o en la ensoñación de esta o aquella filosofía—, allí, en las profundidades, se movían los fantasmas de peces y animales microscópicos, formas serpentinas de sus viajes imaginarios, desplegando los tentáculos de la asociación y entretejiéndose más allá del desmembramiento.

El propio Coleridge describió el proceso de composición de su otro famoso poema épico Kubla Khan. Al sentirse ligeramente «indispuesto», por emplear sus propias palabras, fumó un poco de opio y se dispuso a seguir leyendo una obra titulada La peregrinación de Purcha. Poco después se quedó adormilado, en el punto exacto de la lectura donde decía: «Aquí el kan Kubla ordenó la construcción de un palacio y de un majestuoso jardín a su alrededor. Y así fue como diez millas de tierra fértil fueron cercadas por una muralla». Tres horas después se despertó «con la seguridad más absoluta de haber compuesto más de doscientos o trescientos versos —si es que a esa aparición de imágenes se le puede llamar componer— sin ninguna sensación de conciencia o de esfuerzo». Acto seguido, Coleridge tomó pluma, tinta y papel y escribió «de un tirón las líneas que aquí os presento...

Del libro “Cerebro de Liebre, Mente de Tortuga” Guy Claxton
Viñetas del comic "El prolongado sueño del sr T"
Pintura Escher_pajaros
Portada_Mucho más Mayo_Kraser

No hay comentarios: