sábado, 26 de diciembre de 2009

puertos que tú antes ignorabas


Debemos aceptar nuestra existencia tan completamente como sea posible. Todo, incluso lo inconcebible, puede llegar a ser posible. En el fondo sólo se nos pide el coraje de enfrentarnos a lo extraño, a lo maravilloso, a lo inexplicable que nos encontramos. Cuando los hombres son pusilánimes en esto, la vida sufre infinitamente.
Esa vida que se llama imaginaria, ese mundo pretendidamente «sobrenatural», la muerte, todas esas cosas nos son en elfóndo consustanciales, pero han sido arrojadas de la vida por estar diariamente a la defensiva, hasta tal punto que los sentidos que habrían podido captarlas se han atrofiado...
No se puede atribuir sólo a la pereza el que las relaciones de un hombre con otro sean indeciblemente monótonas y se reproduzcan sin novedades: por el contrario, se debe al recelo del hombre ante lo nuevo, cuyo resultado no puede prever ni se siente capaz de afrontarlo.
Tan sólo el hombre que está abierto a todo, que no excluye nada, ni siquiera el enigma, vivirá las relaciones interhumanas como algo de la vida misma, al tiempo que llegará hasta la culminación de su propia vida. Si nos representamos la vida del individuo como una habitación más o menos grande, es evidente que casi ninguno llega a conocer más que un rincón de esta habitación, este sitio delante de la ventana, este lado en el que se mueven y en el que encuentran una cierta seguridad. ¡Cuánto más humana es esa inseguridad, llena de peligros, que en las historias de Poe empuja a los prisioneros a explorar con los dedos sus terribles calabozos, a conocer completamente los espantos indecibles que les esperan! Pero nosotros no somos prisioneros. Ningún cepo, ninguna trampa nos amenaza... No tenemos ninguna razón para desconfiar del mundo, porque no es nuestro adversario. Si hay cosas terribles, son las nuestras; si hay abismos, son nuestros abismos; si hay peligros, deberiamos esforzarnos por amarlos...
Todos los dragones de nuestra vida son quizá princesas que esperan vernos espléndidos y valientes. Todas las cosas terribles no son quizá sino simples cosas desamparadas que esperan nuestra ayuda.

R. M. RILKE

1 comentario:

MartinAngelair dijo...

...

Y en los ojos había
resplandor del primer día:
pero sobre todo
descollaban las alas portadoras...

Había expectación en la llanura
por un huésped que no acudió jamás:
aún pregunta tal vez el jardín trémulo:
su sonrisa después se vuelve inválida.

Y por los barrizales aburridos
se empobrece en la tarde la alameda,
las manzanas se angustian en las ramas
y les hacen sufrir todos los vientos.

Es donde están las últimas cabañas
y casas nuevas que, con pecho angosto,
se asoman estrujadas, entre andamios miedosos,
quieren saber dónde empieza el campo.

Allí la primavera siempre es pálida, a medias,
el verano es febril tras esas tablas:
enferman los ciruelos y los niños,
y tan sólo el otoño allí tiene algo
de remoto y conciliador: a veces
son sus tardes de suave derretirse:
dormitan las ovejas, y el pastor con zamarra
se apoya, oscuro, en la última farola.

Alguna vez ocurre en la honda noche
que se despierta el viento, como un niño,
y pasa la alameda, solitario,
quedo, quedo, llegando hasta la aldea.

Y a tientas va marchando hasta el estanque
y se para después a oír en torno:
y las casas están pálidas todas
y las encinas mudas...

...

...

Yo en cambio quiero comprenderte
como te comprende la tierra;
con mi madurar
madura tu reino.

No quiero de ti vanidad alguna
que te demuestre.

Sé que el tiempo
no se llama como tú.

...

...

y al fin, ¿a quién ofrecemos todo esto?
Ay, al extraño, que nos ha malentendido,
ay, a aquel otro, que nunca hemos encontrado,
a aquellos siervos, que nos han maniatado,
a los vientos de primavera, que se han desvanecido,
ya la quietud, la perdedora.

...

R.M.R.








Todavía sigo leyendo tus entradas.



...que estés bien P.7.





Un beso de buenos días.





(...por el momento quepo contigo en Monet y Kandinsky...)