lunes, 17 de mayo de 2010

con una barcaza en la que un hombre le espera, como si siempre se hubieran conocido


“Las flores azules” es un libro que escapa de cualquier comentario, de cualquier intento de encorsetarlo en una corriente, o definirlo con unos cuantos términos al uso. Raymond Queneau, que coqueteó con el surrealismo y terminó por fundar el movimiento OuLiPo, escribió una novela —insisto: es difícil calificar este libro como «novela»— que es pura diversión, pura locura y pura fiesta del lenguaje. Del lenguaje francés, claro, aunque la traducción sea excelente.
La historia es enrevesada: el duque d’Auge, en el año 1264, inicia una serie de aventuras con Demóstenes, su caballo parlante; cuando el noble duerme, sueña con Cidrolin, un hombre del París de nuestros días que habita en una barcaza flotante y que entretiene su vida en paseos al borde del río, la contemplación de un edificio en obras frente a su barca y en encontrar una mujer que pueda atenderle en sus quehaceres después de que su hija menor se haya casado y le haya dejado solo. Cuando Cidrolin duerme, sueña con un noble caballero, que tiene un caballo parlanchín y que avanza en el tiempo durante sus vicisitudes…, hasta que un día ese duque, llamado d’Auge, llega hasta la pasarela que une tierra firme con una barcaza en la que un hombre le espera, como si siempre se hubieran conocido.
A lo largo de las doscientas y pico páginas del libro, las desventuras del duque d’Auge (que se opone al rey en su intento de enrolarle en una cruzada, o a los burgueses que planean organizar la Revolución de 1789) le acercan en el espacio y en el tiempo a Cidrolin, cuya vida, aunque guarde semejanzas con la del noble (ambos tienen tres hijas, que les abandonan tras sus esponsales; ambos han perdido a sus esposas), es mucho más sedentaria y pacífica. El resultado de tantas aventuras es el encuentro entre los dos soñadores, pero que, sin embargo, se separan al poco de conocerse, para que el duque regrese al comienzo de nuevo, a las almenas desde las que contempla sus dominios, repletos de pequeñas flores azules que se abren en el lodo.

viñeta comic: Corto Maltes_Hugo Pratt
Imagen: Firenze

1 comentario:

Ŧirєηzє ♥ dijo...

Veras 7...

Yo no rezo...hace muchos años que decidi que no creia en Dios...y a base deno rezar se me olvidaron las oraciones....
Hay una cancion de Luz Casal...que llego a mi vida en un momento de profunda depresion (he tenido tantos...)
y me agarre a ella como kien relata una plegaria...
han pasado los años...y yo sigo recitando..c.anturreando con la cabeza y el alma "Inesperadamente" de Luz Casal, cada vez que la vida se me pone cuesta arriba...o cada vez que un nuevo tortazo mi tira al suelo...

Estos dias canturreo de nuevo la canciond e Luz Casal..e.stoy flojita de animos...y me la repito mil veces al dia..s.egura de que en algun momento ocurrira lo que la cancion cuenta....

y dice la cancion...

"Pido a Dios...
que un chispazo de emocion...
prenda fuego al corazon...
inesperadamente"....


Y esta tarde ha sido un comentario muy bonito en mi blog... el que me invitaba a mirar cerca mio....y dejar de perder la vista en el horizonte...

es cierto 7...
se me van las pequeñas cosas...
que al fin y alcabo son las que mas importan...
el otro dia vine...y no vi mi imagen...y digo mia porque esa imagen es mia...
las flores las azuleé con el photoshop hace algunos años...

Esa imagen me dice que alguien me escucha...
que mis palabras, mis lamentos, mis sensaciones ...llegan...no se a donde ni a quienes...pero no se pierden en la blogosfera...

llegan a personas...que como yo...viven y sienten detras de una pantalla..

el chispazo para que hoy la almohada no me sepa tan amarga...lo has puesto tu...lo ha puesto la comentarista de mi blog...
sea copmo sea...ha ocurrido..
y yo con todo este rolo que te he soltado...solo pretendia darte las gracias...



un abrazo 7...
bueno...mejor 7 abrazos
:-)